El amarse se podría considerar un arte, al menos así lo veo. Para mí es un arte que lleva práctica para lograr la maestría, que requiere un proceso de aprendizaje y un camino de descubrimientos.

Me acuerdo cuando viaje a Londres, siempre fanática de los museos, me metí en el Museo Nacional. Quería ver las obras de mí artista favorito: Van Gogh. Me quedé poquito tiempo admirando el cuadro de los girasoles. Una copia de ese cuadro estuvo muchos años colgada en la casa de mis padres y por alguna razón me fascinaba. Me quedé atentamente observando los detalles y me preguntaba ¿Cuántos ensayos habrá hecho para llegar a esta obra? ¿Cuántos bocetos quedaron en el piso hasta que esté cuadro quedo iluminado?

El amarse es un arte que se aprende, requiere de incontables ensayos, de transitar días inspiradores y otros un tanto oscuros.

Es aceptar…

Amarse es aceptar todo lo que soy. Es dejar de resistir eso que no puedo cambiar, ahora y de momento. Es reconciliarme con lo que sí soy, abrazar mis luces y sombras. Es mirar compasivamente mi mundo interno y creer que estoy siendo mi mejor versión posible, sin que eso signifique justificarme o ser complaciente. Amarse es fortalecer mis valores, gustos y preferencias más allá de lo establecido socialmente, reflejándolo en mi forma de pensar, de sentir y de ser.  ¿Me acepto incondicionalmente?

Es una declaración fundamental…

El amar es una declaración fundamental desde el Coaching, esto significa que nuestro mundo puede cambiar tanto si le decimos a alguien “te amo” o “te quiero” como si nos lo decimos a nosotras mismas.

Y claro que el amar no siempre es solo expresarlo con palabras, otras acciones también afirman esta declaración. Para nutrir y hacer crecer una relación es importante que tengamos acciones amorosas hacia los demás. Ahora ¿Qué pasa cuando estas acciones amorosas son para conmigo? ¿Me permito tenerlas? ¿Me doy el espacio para experimentarlas? O acaso ¿No nos sentimos merecedoras de tal amor?

Es una responsabilidad de vida…

El amarse es parte de ser responsables con lo que somos como seres humanos. Es ser responsable de mirar mi mundo interno y hacerme cargo de eso que estoy mirando en pos de lograr eso que digo que quiero lograr. Acá no hay obligaciones, sino una amorosa elección de querer realmente cambiar mi forma de mirarme para poder ver el mundo con más posibilidades, y hacer de esas posibilidades una realidad para otros. Desde mi humilde aporte creo que necesitamos empezar a mirarnos y a cultivar una relación más sana con nosotras mismas, dejar de castigarnos y de querer modificarnos desde la obligación o los estándares sociales, para poder desde ese lugar cultivar relaciones más sanas con nuestras relaciones y con el mundo que habitamos.  

El amor propio no solo es fundamental para crear y vivir una vida plena, en armonía y en paz con lo que somos sino que esa armonía y paz se refleje en nuestro entorno.

“No podes dar a otros lo que no tenes” me repetía constantemente una persona muy cercana, entonces nos pregunto: ¿Es el amor que damos a otro reflejo del amor que nos tenemos? O ¿es reflejo de nuestras necesidades? ¿Estamos amando desde la elección o la obligación? ¿Qué relación estamos teniendo con nosotras mismas y por ende con nuestro entorno?

Es respetar (se)…

El amar es respetar, primero mis necesidades internas, lo que quiero, lo que deseo, lo que siento y desde ahí respetar el estar siendo del otro, su visión de la vida, sus valores y sus sentires. Es aceptar todo, sin que eso signifique coincidir o avalar todo. Si no me respeto, no puedo respetar al otro, una vez más “no podemos dar a otros lo que no tenemos”, todo empieza por nosotros mismos.  Una persona que vive en paz consigo misma es un aporte inmenso para una convivencia colectiva en paz.

Se aprende…

El amar (se) es un arte que se puede aprender. El ser humano por naturaleza aprende por observación y al repetir lo observado. Aprendemos a comer, a caminar, a hablar porque copiamos conductas de nuestro entorno. Entonces ¿Dónde puedo aprender a amarme? ¿Hay una escuela para eso? ¿Quiénes son o pueden ser nuestros mentores en este arte?

Mí historia personal retrata bastante este arte, aprendí a amarme de grande por cuestiones de la vida y el destino. No digo que no me amaron, sino que no aprendí a amarme hasta ya entrados mis 23 años.

De adolescente vivía conflictuada y peleada conmigo misma. Quería cambiar partes de mi ser, de mi cuerpo, de mi forma de pensar. Me la pasaba a dieta, yendo al gimnasio para “bajar lo que había comido el fin de”. La vida se trataba de una carrera interminable por bajar de peso y me creía que si me exigía iba a ser todo maravilloso. Tenía que ser “la chica estudiosa” “la que nunca se equivocaba” “la que era súper eficiente en el trabajo”. Todo alimentado por mis exigencias internas y por estándares sociales que no colaboraban.

Aprendí de grande a amarme gracias a mi maestro: mi esposo (entre tantas facetas de mi ser, tengo una súper romántica). La famosa frase del amor lo cura todo no me la creía, hasta que lo conocí a él.

Aprendí de él a amarme, primero porque se ama a sí mismo muy sanamente y segundo porque él me ama profundamente, ve cosas en mí que yo no puedo ver (o a veces no me permito). Con esto refuto la idea de que “si no te amas, nadie te va a amar”, es mentira. Te puede pasar esto, que te amen y te animes a amarte.

Un día le dije «si supieras lo difícil que es para mí soportarme» a lo que me respondió con una sabiduría infinita «si te es difícil entonces es porque no estás siendo vos misma», ahí entendí que vivía una dualidad interna entre ser alguien que no era (la chica que se exigía) o ser realmente yo (la chica que se aceptaba), y decidí desde ese momento que las cosas empiecen a cambiar.

Si aprendemos a amarnos y aceptarnos a nosotros mismos tenemos la inmensa posibilidad de ser realmente nosotros, dejar las dualidades internas y vivir una vida apasionante que resulte en una fantástica Aventura. ¿Te animas a amarte?

Vivir una vida como la más apasionante y fantástica aventura es algo que está en mis manos si logro conseguir dos cosas: Amarme y aceptarme a mí mismo

Anónimo

Arte en papel de Cristina Juhasz (@tj.papercutting)